Autora: Juliana Bances Martínez
La posesión de Stephanie Lavaux como rectora de la Universidad del Rosario, fue llevada a cabo el día de hoy. Pude estar en aquella ceremonia, y me disgustó, más no me sorprendió, la presencia del vicepresidente José Manuel Restrepo. Cómo parte de este venerado claustro hay cosas que he aprendido a aceptar; los rituales eclesiásticos, los discursos de patria, incluso las verdades a medias. Sin embargo, cada vez es más complejo para mí ver a este colegio mayor como algo diferente a la versión en carne y hueso de lo que Gabo describe en Fernanda del Carpio.
Al sentarme en medio de la plaza del “Viejo verde”, pude notar que muchos de mis compañeros de los diferentes consejos estudiantiles se acercaron felizmente a Restrepo; lo abrazaban, pedían fotos, lo elogiaban. Esta escena me generó un enojo explicable. El vicepresidente representa un gobierno que ha, en tan solo tres meses, destrozado preciadas cosas para el pueblo (la memoria, cultura, educación). Parecía una traición ver cómo jóvenes iban a su goce; se sintió como si las luchas que han sido regidas desde este claustro fueran ajenas a quienes ahora lo habitan. Por un lado, una de mis mayores inconformidades con la representación estudiantil es la incidencia de la misma. ¿Para qué sirve hacer eventos cada mes, si no tienen nada que decir? La representación estudiantil en el espacio, parece que se ha conformado con ser agentes de comunicación sin espina y actores sumisos del gobierno de turno.


En una conversación que tuve con un docente acerca del Rosario, encontré que no era la única que sentía el abismo del clasismo en cada momento. Es agotador defender la diversidad, el movimiento social y la justicia, en un lugar dónde parece que las noticias no se escuchan, y a todo se le es indiferente porque se les va el tiempo buscando cómo esconder de dónde vienen. Como era de esperarse en una organización de 372 años, la colonia no nos ha dejado; además del deber ser, en el Rosario, buscamos al más rico, al apellido, al del té. La parafernalia, los invitados, la vestimenta, el vetera del nova et vetera siempre por delante.
Encontré muchas contradicciones en el discurso de Restrepo. En sí lo considero un hombre pequeño, un intelectual que cayó en la ilusión de que podía ser algo más, y fallo miserablemente. Tal vez, le hubiera ido mejor gobernando una vez más una universidad y no un país. Sorprendentemente, el vicepresidente del gobierno que trata de borrar la memoria y bajar arte de museos, habló de la séptima papeleta. Este movimiento que llevó a construir la constitución del 91, tuvo como casa la sede del centro. Quisiera saber que pensaba Restrepo al hablar de constitucionalidad cuando todo lo ha pasado por decreto.
No obstante, el exrector hace afirmaciones interesantes. Menciona que debemos fomentar en esta institución construir con quien piensa distinto; lo que me parece cómico dado a todos los comentarios realizados en campaña en relación con destripar a la izquierda, además de la violencia ejercida en protestas por el estado del que es parte. Cuénteme José Manuel, ¿Eliminar las medidas de diálogo y violentar a estudiantes movilizándose es construir con el que piensa distinto?
Asimismo, habla de la patria milagro, su eslogan reconocido. Con ello da un discurso de servir a los más vulnerables, incoherente con la falta de acción del gobierno frente a los damnificados del terremoto. Repite lo de que seamos más humanos, tal vez esto signifique caminar entre bolsas blancas, como lo hizo el presidente. Y dice que hay talento inmenso, a lo que puedo replicar que se referiría al talento con títulos engañosos como los del canciller Bula Escobar y la directora del ICBF Carolina Restrepo.
Un hombre de academia parece haber dejado sus principios y empezó a jugar con el pueblo cómo lo haría un niño. Mi pregunta es, ¿Este hombre es ingenuo o el cargo lo vale todo?

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